CONTRATOS DE INNOVACIÓN SOCIAL

PUBLICADO CON CARIÑO EL

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Hoy estoy descubriendo el último álbum de Ben L’Oncle Soul, Addicted To You. Otra joya de este gran músico. Una de las canciones que más momentos me ha acompañado y de las que me siguen emocionando sin importar cuántas veces la escucho, es su versión de “I’ve got you under my skin” de Frank Sinatra. Buena música para escribir sobre un instrumento financiero que nos abre un horizonte prometedor. ¡Vamos a ello!

Finanzas innovadoras

A pesar de no ser mi formación de base, comencé a adentrarme en el mundo económico-financiero a raíz de comenzar mi trayectoria emprendedora. Uno de los grandes problemas que tenemos en España es la falta de educación financiera, lo que en muchos casos nos conduce a demonizar el ámbito empresarial. Para mí supuso un punto de inflexión que además me ha llevado a profundizar en su estudio para comprender muchas de las cuestiones que me inquietaban del funcionamiento del mundo. Tuve la suerte, hace algún tiempo, de conocer de la mano del Premio Nobel, Robert Shiller, dentro de lo que él considera Finanzas Innovadoras, este nuevo instrumento que nos permite abordar cuestiones de propósito público: Bonos de impacto social o, como lo conocemos en España, Contratos de Innovación Social o Contratos de pago por resultados. Se trata de asociaciones público-privadas y se llevó a cabo por primera en 2010 en Reino Unido.

Eficiencia del gasto público

A los gobiernos no les sale a cuenta enfrentar grandes problemas sociales, ya que, muchos de ellos, al necesitar de reformas estructurales que tardarían mucho tiempo en dar frutos, no son rentables electoralmente hablando. Ante este problema creciente, y las dificultades económicas ante las que se enfrenta la administración en la actualidad, uno de los instrumentos que podrían ayudarnos a salir de este bucle, son sin duda, los Contratos de Innovación Social (CIS). A diferencia del enfoque tradicional de “tarifa por servicio” esta modalidad de “pago por resultado” se centra en la efectividad de la medición del impacto que garantice el éxito de la intervención. Pero ¿cómo se articulan, quienes están implicados y cómo funciona?

Se trata de un contrato entre administración pública, inversores privados que financian la acción, y proveedores de servicios sociales que las llevan a cabo (organizaciones sin ánimo de lucro). Además de estos actores principales, también es necesario contar con intermediarios y consultores independientes que garanticen la medición objetiva del impacto. De esta manera, los inversores, tradicionalmente Fundaciones, financian un proyecto que nace con el objetivo de hacer frente a un problema social importante para la comunidad en la que se inserta (problemas de delincuencia, educación, desempleo, etc…) al que normalmente la administración pública no trata de raíz. Para ello se firma un contrato entre las tres partes en las que se especifica el tiempo de la intervención, los objetivos a los que se pretende llegar, cómo se van a medir, y las condiciones de pago por parte de la administración a los inversores si se consigue alcanzar con éxito el objetivo.

¿Qué permite?

  • Tratar problemas desde la raíz, lo que normalmente supone más tiempo que lo que abarca un ciclo electoral, lo que le da continuidad a la intervención. Por lo tanto: largo plazo.
  • Eficiencia del gasto público. Solo se le paga al inversor una vez conseguido el éxito. Y si no se consigue, no se paga. Todo el riesgo lo asume el inversor.
  • Foco: fijar un objetivo y plantear su medición real. Esto puede parecer una obviedad, pero en la práctica no se suele hacer y es uno de los mayores problemas de eficacia de las intervenciones.

Algunas de sus dificultades pasan por su complejidad jurídica, ya que debe ajustarse a las leyes vigentes en cada país y, concretamente en España, su encaje no sea del todo directo. Sin embargo, se están haciendo muchos avances en este sentido, y es posible que pronto veamos consumado algún CIS en nuestro país.

Reino Unido a la cabeza

La primera vez que se llevó a cabo fue en Reino Unido en 2010, en la ciudad de Peterborough, para tratar un grave problema que sufrían desde hacía años: el gran índice de reincidencia criminal que los convictos mostraban al salir de la cárcel. Esto les suponía un gran problema de delincuencia, además de un gran coste a los contribuyentes. Por este motivo se diseñó un proyecto piloto de una duración de 7 años que financiaron un conjunto de Fundaciones con un importe total cercano a los 6,5 millones de euros. El objetivo era apoyar al ex-convicto una vez salido de la cárcel para asegurar su reinserción social y laboral. Este programa resultó ser exitoso reduciendo la reincidencia en más de 8%. Esto animó a llevar a cabo otros proyectos tanto en Reino Unido como en Estados Unidos con diferentes fines sociales, extendiéndose rápidamente su uso por Australia, Canadá, y Europa. En España es posible que se lleve a cabo el primero en poco tiempo, y además ya el Banco Europeo de Inversiones ha desarrollado un Hub de apoyo a las administraciones públicas que quieran explorar esta posibilidad, ofreciendo orientación, capacitación y apoyo en su desarrollo. Es, sin lugar a dudas, una gran noticia.

La cooperación: clave para enfrentar los grandes retos del S.XXI

Estamos en la transición de la Economía de Mercado Social, en la que primaban las redes y la negociación, o también conocido como capitalismo de grupos de interés (stakeholders capitalism) , a la Economía Co-Creativa, en la que ya no vale solo actuar para los Stakeholders, sino que hay que actuar desde el conjunto de la sociedad: Administración Pública + Sector Privado + Sociedad Civil, porque solo juntos y solo en colaboración, podremos hacer frente a los grandes retos sociales a los que nos enfrentamos.

No se trata destruir. Se trata de mejorar y construir sobre lo que ha demostrado ser un buen sistema y nos ha traído un progreso sin precedentes. Solo tenemos que humanizarlo para que funcione mejor.

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